Dos hermanos en Venezuela cavaron veintiséis días para encontar el cuerpo de su madre


Dos hermanos en Venezuela cavaron veintiséis días para sacar a su madre de los escombros, y nunca se rindieron. Descansaban lo justo y seguían. Se les acababa la luz del día y seguían. Se les hinchaban las manos y seguían. 

Winder tiene diecisiete años, Deivi tiene quince, y estuvieron veintiséis días moviendo piedras con una pala y un cuchillo de cocina que sacaron de la casa de su mamá. Y sí, la encontraron.

Dos terremotos sacudieron Venezuela con menos de un minuto de diferencia. En La Guaira, el edificio donde vivían se vino abajo con su mamá Yusmari, su hermanito David y su abuela adentro.

Cuando se acabó la etapa de rescate, buscar a los muertos quedó en manos de las propias familias. No llegó maquinaria. Llegaron los vecinos. Winder y Deivi abrieron un túnel a mano junto a su papá y su padrastro, serruchando cabillas, sacando concreto pedazo por pedazo. Hombres mucho más grandes que ellos se rindieron por el calor y el polvo. Ellos volvían cada mañana.

El día veinticinco, metido hasta el fondo del túnel, Winder alcanzó a ver una tela estam pada. Era el vestido de flores de su abuela. Miró hacia arriba, hacia su papá, y le dijo que ahí cerca había alguien. Al día siguiente los sacaron a los tres. Y los enterraron juntos, en el cementerio de Tarmas.

Veintiséis días fue lo que costó que esa familia volviera a estar completa. Y lo hicieron dos muchachos que todavía no cumplen los dieciocho.

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