Estados Unidos ha incrementado de forma notable su presión militar en el Caribe alrededor de Cuba, con maniobras navales que incluyen el despliegue de destructores, guardacostas y grupos de ataque a muy poca distancia de las aguas territoriales de la isla, de acuerdo con registros de plataformas como VesselFinder y reportes regionales.
Al amanecer del 8 de febrero, al menos tres buques de guerra del Comando Sur operaron a unas cuatro millas del límite de 12 millas reconocido por la Convención de la ONU sobre el Derecho del Mar, en lo que expertos interpretan como una señal clara de presencia y capacidad de proyección de fuerza en el entorno cubano.
Estas acciones se inscriben en la Operación Lanza del Sur, lanzada en 2025 para reforzar la seguridad marítima, intensificar la interdicción de embarcaciones sancionadas, vigilar rutas claves y atacar redes criminales transnacionales, con especial atención al flujo de petróleo venezolano hacia Cuba y al narcotráfico en el Caribe occidental.
En días recientes, el destructor USS Stockdale, junto con los cutter USCGC Stone y USCGC Diligence, llegó a la bahía de Puerto Príncipe, en Haití, configurando un patrón de posicionamiento escalonado en el extremo oriental de la isla, mientras otros destructores clase Arleigh Burke fueron rastreados a poco más de 100 kilómetros de la costa cubana.
La presencia se complementa con el despliegue del grupo de ataque del portaaviones USS Gerald R. Ford, un grupo anfibio encabezado por el USS Iwo Jima, así como aeronaves de ataque, vigilancia y reconocimiento, en una estrategia que combina presión militar, inteligencia de señales y acciones de presencia avanzada en la región.
Especialistas señalan que esta configuración incrementa la capacidad de Washington para influir sobre rutas energéticas, movimientos de buques sancionados y dinámicas de seguridad en el Caribe, en medio de un escenario marcado por tensiones geopolíticas y restricciones adicionales en el acceso al combustible para Cuba.
