Entre carbón y leña: así viven los cubanos la nueva crisis de combustible


Cuba vive su mayor racionamiento de combustible en décadas, una crisis que se refleja en apagones frecuentes, menor suministro de gas doméstico y largas colas para acceder a servicios básicos, mientras muchas familias han vuelto a cocinar con carbón y leña en patios y espacios improvisados.

En barrios de La Habana, vecinos organizan cocinas colectivas para ahorrar recursos y garantizar al menos una comida caliente al día; las ollas eléctricas solo se pueden usar en las pocas horas con servicio estable, y el uso de hornillas de gas se ha reducido por la escasez y el racionamiento del cilindro.

La situación se agravó desde mediados de 2024 y, de acuerdo con especialistas consultados por BBC Mundo, en 2026 se acerca a un “abismo impredecible”, con un sistema energético frágil y una creciente dependencia de decisiones y tensiones externas.

En un mensaje reciente, Miguel Díaz-Canel advirtió que el país está por entrar en tiempos difíciles y anunció un plan extraordinario de ahorro de energía que incluye recortes en el consumo estatal, ajustes en el transporte y llamados a la población para reducir el uso de equipos eléctricos.

Tras la captura de Nicolás Maduro en Caracas el 3 de enero, el gobierno de EE.UU. implementó medidas que complican aún más el acceso de Cuba al combustible, como la amenaza de aranceles a quienes suministren petróleo a la isla, lo que ha frenado los envíos desde Venezuela y ha aumentado la presión sobre el crudo que llega desde México.

Esta combinación de sanciones, menor disponibilidad de petróleo y debilidades internas del sistema energético repercute en el transporte público, la producción agrícola e industrial y la vida diaria, obligando a la población a reorganizar su rutina y a apoyarse en la solidaridad entre vecinos para enfrentar la crisis.

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