La captura de Nicolás Maduro en la operación del 3 de enero y la muerte de un grupo de “Avispas negras”, fuerzas especiales cubanas que formaban parte de su anillo de seguridad en Fuerte Tiuna, reactivaron el debate sobre el verdadero alcance de la injerencia cubana en Venezuela.
La analista María C. Werlau, directora de Archivo Cuba, recuerda que la presencia de La Habana en Caracas no comenzó con Maduro, sino con Hugo Chávez, y que se configuró como un proyecto de “ocupación estratégica”. En su investigación describe cómo, a pesar de ser un país más pequeño y pobre, Cuba habría construido una presencia controladora en prácticamente todas las esferas del Estado venezolano.
Según Werlau, ese control alcanzaría la presidencia, las fuerzas armadas, el aparato de seguridad e inteligencia, ministerios, servicios migratorios y electorales, telecomunicaciones, aeropuertos, puertos, pasos fronterizos, empresas estatales —incluida PDVSA— y el manejo de sistemas informáticos, bases de datos y vigilancia cibernética.
La nueva etapa abierta tras la captura de Maduro coloca bajo escrutinio ese entramado, en momentos en que Cuba enfrenta su propia crisis económica y depende cada vez más de apoyos como el petróleo enviado desde México. El análisis plantea que la isla pasó de proyectar poder sobre Venezuela a verse ahora en una posición más frágil, con su influencia cuestionada y su modelo de control regional al borde del desgaste.
