La oscuridad alcanza al sector más mimado por el sistema cubano.
El hecho principal radica en la decisión oficial de cerrar diversos hoteles y reubicar a los turistas extranjeros ante la incapacidad de suministrar combustible y energía eléctrica constante a las instalaciones.
Lo que por años fue una burbuja aislada de las penurias del pueblo, hoy sucumbe ante una crisis de hidrocarburos que ha dejado a las plantas generadoras fuera de combate, marcando un hito negativo en la historia del turismo caribeño durante este 2026.
El contexto de este desmoronamiento se agrava por la falta de divisas para comprar combustible en el mercado abierto.
Los actores involucrados en agencias de viajes europeas y canadienses han reportado que sus clientes están siendo trasladados de hoteles de lujo a instalaciones de menor categoría que aún cuentan con reservas mínimas de diésel.
En EE.UU., los observadores señalan que la falta de mantenimiento en las termoeléctricas y la dependencia de suministros inestables han creado una "tormenta perfecta" que ahora expulsa al capital extranjero por falta de condiciones mínimas de habitabilidad.
Las implicaciones de este cierre masivo de hoteles son críticas para la supervivencia del modelo económico de la isla.
El análisis de los expertos sugiere que la pérdida de confianza de los turoperadores internacionales podría tardar años en recuperarse.
El rigor informativo resalta que el cierre no solo afecta a los visitantes, sino que deja a miles de trabajadores locales sin empleo y sin propinas en un momento de inflación galopante.
La isla se enfrenta a un febrero desolado, donde las luces de los resorts se apagan mientras el descontento social crece ante la falta de soluciones reales.
